Artículo de Alfons Cervera para Le monde diplomatique a propósito de la publicación de El novelista perplejo (ed. Anagrama, 2002).

“Lo que escribimos apenas nos pertenece. Aquellos libros que llegaron un día lejano a nuestras manos se quedaron ahí, ejerciendo de vigilantes perpetuos, espiando otras lecturas, las páginas que al hilo de lo que aprendemos de los otros vamos completando ya con la tinta atrevida de nuestras intenciones literarias. Luego, cuando andamos con esa carga a cuestas, con el peso agradecido de lo que debemos a quienes nos enseñaron a mirar de otra manera lo que nos rodea, sabremos, si no somos unos canallas, que nuestros libros no son tan nuestros como de aquellos espías implacables que nos indicaron en todo instante el camino a seguir. Esto que hasta aquí escribo lo digo yo, antes lo dijo algún clásico y hace cuatro días lo decía mucho mejor que nadie Rafael Chirbes en El novelista perplejo“.

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