Reseña de Enric Llopis a El novelista perplejo para Rebelión.

““El más grande de todos los novelistas –Dostoievski-, siempre escribe mal, al menos según dicen los conocedores de la lengua rusa”, escribe Virginia Woolf en un artículo de crítica literaria publicado en enero de 1920. “Pero la tarea del novelista carga tales fardos sobre cada uno de los nervios, músculos y fibras que exigirle además una prosa cargada de belleza” resultaría un esfuerzo excesivo. En el mismo texto incluido en “The Athenaeum” (traducido al castellano por Miguel Martínez-Lage en “Horas en una biblioteca”, de la editorial “El Aleph”), compara al escritor ruso con Joseph Conrad, cuya prosa es tan bella en algunas novelas que el lector se queda admirado “como la abeja en la corola de una flor”. Pero esto implica que Conrad tenga que “encapsular la energía” para resaltar la componente estética de la narración, de ahí que –explica Virginia Woolf- tantas páginas de este autor resulten “flojas”, “adormecedoras” y “monótonas”. ¿Hay una contradicción entre el estilismo y la belleza formal y, por otro lado, la pasión, la fuerza e intensidad en descripciones y personajes? ¿La perfección técnica le resta vitalidad a un texto literario, incluso lo despersonaliza?”

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