La duración de lo invisible habla de nosotros

Si el objeto pictórico y la palabra narrativa se encuentran (suma heterogénea), brota un cuerpo escénico.

La Valldigna, Fez, Valverde de Burguillos, Dénia, Serra Segària… La pretensión de fabular el territorio de los viajes interiores de Rafael Chirbes -siempre habitando refugios- con el instrumental de la obra pictórica de una artista intensa llamada Carmen Calvo. Para la indagación se han reunido actores, un dramaturgo, otro novelista, un equipo de creativos, incluso un director que sólo se considera un terco solitario al frente de un proyecto.

Lo invisible no está detrás o dentro de lo aparente. Lo invisible está en lo visible, en la realidad troceada. No hay otro lugar para lo invisible que las palabras y los objetos en su piel cuestionada, la que segrega sombras.

Y el título: creemos -siempre la duda, siempre- saber lo que es el mundo (formando extraña triada con la carne y el demonio), pero aún sabemos menos lo que es una cabeza. Alguien dijo que el teatro es como un cerebro. Estamos de acuerdo, si no describimos el cerebro como un ordenador (un botín para la despiadada inteligencia artificial) sino como jungla húmeda de contradicciones, trampas, ruidos y oscuridad.

Con todas estas maletas vivimos hace años. Para explorar la duración de lo invisible en situación activa antes, durante y después de la función.

Toni Tordera

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